Saludos, me dirijo hoy a ustedes a fin de traerles una noticia, que si bien no es del todo nueva, no deja de ser importante. Les informo que a las preocupaciones actuales del día a día se le debe sumar una más: hay un virus suelto.
Debemos prestar atención porque este virus se apodera silenciosamente de un individuo en algún punto determinado de su vida sin que se expresen grandes síntomas. Durante un período indeterminado el virus crece y crece en silencio hasta que llegue la oportunidad para manifestarse. Y cuando ésta llega, lo hace. Y es algo atroz cómo lo hace. Atroz porque quién esté delante del sujeto no lo olvidará tan fácilmente.
Hay “vacunas” por así decirlo, para este virus, o al menos intenta haberlas (gracias a Dios, porque quien sabe si no habría el doble de casos sin ellas), pero parecen no ser suficiente, puesto que aún no se ha erradicado.
Déjenme hacerles esta pregunta: ¿alguna vez escucharon la historia de una mujer abusada? Yo sí, y más de una vez, lamentablemente. ¿Saben de quién fue la culpa? Si pensaron que fueron ellas, quizás deberían leer esto hasta el final. Si pensaron que fue “él”, están en lo correcto, pues es el único responsable de sus actos. No es la sociedad la responsable. No es la negligencia de sus padres o cualquier experiencia traumática que haya vivido. NO es cualquier cosa a la que pueda apuntar con su dedo cobarde, es sólo “él”. Pero déjenme decirles algo de este “él”. No es como vos o como yo, eso está claro (aunque bien podría aparentar o incluso ser como vos o como yo). Lo que lo hace distinto es ser portador de lo que describí anteriormente: “él” tiene el virus.
Si esto fuera una película no tendría miedo o preocupación alguna. Seguro habría algún héroe solitario que tendría en su poder una cura (que lo erradicaría para siempre) desarrollada por una agencia secreta del gobierno o por científicos soviéticos o incluso el chapulín colorado. Pero como esta es la realidad no puedo quedarme tranquilo. No puedo tener la seguridad de que el día de mañana quien esté delante del sujeto cuando se manifieste el virus no sea mi hija, mi hermana o mi madre. Porque como dije, hay “vacunas” pero como también dije, estamos en el mundo real y acá el virus siempre encuentra una manera de persistir.
¿Qué hace tan peligroso a este virus? Para empezar cualquiera puede portarlo, incluso sin saberlo. Y no hay análisis de sangre que lo detecte. Además el virus intenta establecer tres “verdades” muy peligrosas en su portador. Uno: Una mujer es siempre más débil que un hombre, ya sea físicamente, mentalmente o de una voluntad más débil. Dos: “No” es siempre un “Sí” encubierto o uno tímido que no se anima a salir directamente. “No” deja siempre una puerta abierta, es un “insistime que ya lo conseguís, aunque tengas que recurrir a la violencia para lograrlo”. “No” nunca es “No”. Tres: (y seguramente la peor de todas) Lo que el sujeto hace está bien. Es más, es casi natural o entendible porque, como dice la “verdad” uno, la mujer es más débil. “Él” es incluso una víctima que se vio obligado a actuar de tal modo.
Si tengo que decirles que estas tres “verdades” están erradas, quizás deberían leer esto hasta el final. Si no, prosigamos. Esto es lo que hace el virus en el sujeto, pero lo más alarmante o aterrador es que no es él quien toma las decisiones, es “él” quien termina ejecutando. El virus sólo va a tener éxito si el portador se lo permite, si elige aceptar sus “verdades”. Sin duda este es el núcleo del problema: todos en un punto de nuestra vida cruzamos esa disyuntiva y la mayoría hemos elegido ignorarlas, no aceptarlas y respetar a las mujeres y su igualdad con los hombres, pero algunos eligen aceptarlas y volverlas parte de sí, llevando al éxito la misión del virus.
Ya estoy llegando al final, gracias por acompañarme todo el recorrido. Si sos una mujer leyendo esto, recordá siempre que:
- Tenés derechos. A la privacidad y a lo público, a la soledad y a la compañía de quien vos elijas, a respetar y ser respetada. Y no por ser mujer, sino POR SER UNA PERSONA.
- Si alguien más decide romper tus derechos o cruzar barreras sin tu consentimiento NO es tu culpa NI tu responsabilidad. Vos no “diste lugar” a que pasara ni implícitamente ni explícitamente.
- Nunca estás sola: tu voluntad puede ser fuerte, para la voluntad colectiva es aplastante. Si alguien puede ayudarte, seguramente lo hará. Nadie va a discriminarte (y si lo hacen es su problema, no el tuyo)
- Y lo más importante, ningún acosador merece ni puede tener impunidad, denuncialo y recordá, no estás sola.
Si sos hombre y estás leyendo esto hasta el final por curiosidad, te agradezco aún más. Compartilo por favor y colaborá, porque puede pasarle a cualquiera.
Ahora bien, si sos hombre y leíste hasta el final porque respondiste alguna de las dos preguntas mal y te pedí que leas todo tengo algo para decirte. Vos, tenés que saber (y recordar) que:
- Ser hombre es una cuestión biológica, genética, social u otras, pero NO implica superioridad. Bajo ningún aspecto. Sos un par, no un superior.
- Tu orgullo no va a compensar el tamaño de tu pene ni alivia o suplanta tu ausencia de coraje. Coraje que te falta para aceptar que “No” es “No” y para vos es “fin del camino”.
- Recordá también que no en vano el abuso/acoso/violación (o el intento de) es sancionado legalmente y repudiado socialmente
- No creas que siempre vas a salirte con la tuya si es que lo has hecho o crees que podrías hacerlo sin repercusiones. Y recordá el trato especial que suelen dar a los pederastas en la cárcel.
- Tené presente que en algún lugar un “él” cualquiera como vos puede hacérselo a tu hermana, a tu amiga, a tu compañera de trabajo, a tu madre. Porque cualquiera puede ser abusado, como cualquiera puede ser un abusador.
- Y lo más importante, los hombres de verdad no son los más fuertes, ni los mas grandes, sino los que tienen el coraje y la valentía para aceptar una negativa, respetando las decisiones ajenas.
Y a todos les digo, llegará el día en que los hombres de verdad se paren frente a situaciones como esta y digan “No, no voy a seguir mirando para otro lado. Porque vos, que te hacés llamar “hombre”, no sos más que un cobarde cruzando por la fuerza una línea que no podrías cruzar de otra manera. Hoy los hombres de verdad nos paramos, y te miramos. Y te juzgamos. Y rezá por no encontrarnos. Porque un día vas a saber lo que es un hombre de verdad”. Y ese día, espero, no está lejos.
Escribo e intento divulgar esta carta para crear conciencia, un refuerzo de las “vacunas” para acabar con este virus. Ayudar a crear conciencia, empezando desde este instante, siempre ayudará. No esperemos a leer la carta de un desconocido en Internet, no esperemos a que le pase a alguien conocido. NO esperemos a que salga en los diarios.
La mejor forma de evitarlo es la colaboración de todos: que los padres enseñen en sus hogares que todos tenemos los mismos derechos (que deben ser respetados), y que la voluntad de uno nunca estará por encima de la de otro. Que en las escuelas enseñen que hay distintas formas de abuso o de acoso, pero que todas ellas están sancionadas y ninguna es justificación de nada para nada, jamás. Que la sociedad actué como juzgado, sancionando la violación de los derechos de las víctimas de acoso: mujeres, adolescentes, hombres.. PERSONAS.
Nadie nunca, jamás “pide” que lo acosen. No importa su sexo, su edad, su vestimenta, su personalidad.. Nunca.
Todos tenemos iguales derechos. Y como contraparte, el deber es respetarlos.
Si no hay consentimiento, es violación.
Gracias por dedicarle tiempo a un hombre que no quiere saber de más historias de abuso. De nadie, jamás. Gracias, de parte mía y de muchos más.